No soy periodista. No intento serlo, ni disto de ello; podríamos decir que soy un fiel a las letras y a la pluma que no pretende inmolarse a través de un escrito ni buscar un Pulitzer por un artículo periodístico. Con lo anterior sello el sesgo con el cual podría mirarse lo que viene a continuación.

Hoy estamos viviendo la nata de la masificación de los medios comunicacionales, una masificación algo burda y violenta dónde la sobredosis de información puede causar daños irreparables a la conciencia y el sentido común. ¿Es la Sociedad la que se refleja a través de los medios? o ¿Los medios crean la sociedad/ realidad existente?, la eterna pregunta, que según avanza el tiempo, comienza a responderse por sí misma.

Es casi una parodia hablar de la independencia de los medios de comunicación ad portas de la caída en desagracia de Julian Assange, creador de Wikileaks que por ser sólo el receptor de la mentada información, el gobierno de E.E.U.U. le colgó un historial de delitos inexistentes, echando por tierra la combativa libertad de prensa y el derecho a la información. Como lo dijo Naomi Klein, en el prólogo de The Shock Doctrine, la única arma que nos va quedando, a los ciudadanos de a pie, es la Información. Con el caso Wikileaks se ha comprobado la tesis.

Homologar los escenarios con nuestra realidad puede resultar exagerado para algunos y casi ridículo para otros, pero, ¿cuán alejados estamos de los vicios de los Medios de Información?, ¿sabe usted estimado lector que el consorcio de la familia Edwards (1) tiene en su poder la cadena de diarios más grande del país?, y de paso uno de los más leídos – el Mercurio y Las Últimas Noticias – ¿sabe usted la cantidad de poder que se acumula en los medios de comunicación?, ¿sabe usted la ideología que trasciende la gran cantidad de canales de televisión y diarios del país?, tarea para la casa.

Al caminar por la vieja escuela Santa María se pueden leer alusiones directas a los auspicios generados desde las empresas mineras a los periódicos locales, situación que es un secreto a voces, logrando captar y dirigir el foco informativo dónde mejor convenga según las necesidades de la empresa. Ese es el escenario informativo que goza Iquique, una sub cultura que privilegia la sectorización ideológica y monetaria por sobre la veracidad de la información y la libre tribuna de la gente común y corriente, a veces creo que los periodistas debiesen pactar – y bien en serio – una especie de juramento de Hipócrates pero a lo periodista; digo, para mantener una pizca de ética en su profesión.

En este proscenio es que nos paramos y decimos presente, armados de una pasión incontenible por llevar a ustedes una verdad completa, no a medias como nos estamos acostumbrando en la región; deseamos desde lo más profundo abrir los espacios para que aquel que no se siente representado ni escuchado pueda ser abiertamente promulgado, en una actuación casi suicida de libre expresión y veracidad. Creo, y a título muy personal, que el grupo humano que compone PDV, se toma el ejercicio del Cuarto Poder muy en serio, sin ser graves, sin dejar de ser profundos, pero con un sentido del deber que cuesta – y mucho – encontrar.

Aquí reflejo entonces, aquello que nos caracteriza por sobre muchos medios regionales, es aquí cuando declaro – como diría el mítico Jorge González – nuestra Independencia Cultural.

Gracias a todos por acompañarnos en esta, una nueva y fructífera etapa.

(1) Agustín Edwards Eastman, periodista y dueño de la cadena de diarios de la empresa El Mercurio, heredero de uno de los grupos económicos más antiguos de Chile y presidente de la Fundación Paz Ciudadana.

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