Están en cada semáforo de la ciudad, en cada luz roja salen a presentar su show, el cual no dura más de 30 segundos, pero en ese corto lapso de tiempo nos transportan, nos alejan de la abrumadora rutina y nos llevan directamente a una pista circense, de esas de cuando éramos niños y un hombre que era capaz de hacer malabares con un cuchillo, era una especie de súper héroe que nos podía salvar a todos.

Son los malabaristas callejeros, esos que con una pelota de fútbol, aros especiales, un Ula-Ula o cualquier implemento, demuestran su talento en un show express cargado por el humor y muchas veces por la espectacularidad del acto.

Amy Lynch nació en Australia, bordea los 20 años, habla español, desde pequeña gustó por el arte del malabarismo, si bien domina muchas disciplinas, dice que el Ula-Ula es lo suyo, es en donde mejor se desenvuelve y lo demuestra, con sólo unos movimientos se nota que sabe lo que hace.

Llegó a nuestro país sólo por la aventura, anda acompañada de su novio que es latino y que precisamente lo conoció en esto, en el arte que desarrollan, él es especialista en malabares con cuchillos.

Salió de Australia hace años, según nos cuenta, buscando un significado a su vida, queriendo conocer el mundo entero, se lo propuso y dice que poco a poco lo ha logrado, mochileando y mostrando su arte, ha recorrido todo Sudamérica al menos, ahora viene de Perú, su próximo paso será el sur de Chile y Argentina.

De nuestro país rescata a la gente, recién está acá pero entre las ciudades del norte, ha quedado maravillada con lo simpáticos que han sido todos, ella irradia belleza, simpatía y una alegría de vivir notable, se nota que sólo vive el presente, si bien tiene muchos planes a futuro, cuenta que lo más importante es vivir el ahora y seguir recorriendo el mundo, como una vez se lo propuso.

A nivel local, en lo poco que conoce Iquique, ha quedado maravillada con los artistas callejeros, porque aparte de ser amables con ella y su pareja, asegura que tienen un gran talento, se ha sentido como en casa.

Amy pronto seguirá su camino al sur, atrás dejará los semáforos de nuestra ciudad que la vieron demostrar su hermoso arte, tomará sus cosas quizás con un destino incierto, segura eso sí, de que el mundo entero es una pista de circo y lo seguirá demostrando ahí, dónde todos la podemos ver y apreciar, en la calle.