El otro día partió. Se fue apagando de a poco, pero de a muy poco, como una mala estrella fugaz. Mucho podrán discrepar del protagonismo que – según mi humilde opinión- él no buscaba. Eduardo Guillermo rehuía los flashes. Fueron esas cámaras las que lo buscaban; lo buscaban porque fue aquel que dijo “B” cuando todos decían “A”.

A veces un adelantado a su propio tiempo…

El Bonva fue onomatopeya humana de si mismo durante los – ya no tan lustrosos- años 90’s. Gritó lo que todos pensaban pero no decían, por un miedo obvio, un miedo heredado. Amigo del Status Quo, pero de ese de cartón que se profesó durante los primeros gobiernos de la Concertación; no de ese de verdad, de ese que inoculó Marcelo Bielsa a punta de castigos por ese entonces; púberes seleccionados y que hoy triunfan en el Viejo Continente.

El autodenominado Gurú sabía del potencial que escondemos los chilenos, los chilenos de a pie; esos que se levantan a las 5:30 y se parten el culo de frío para ir a la primera micro; sabía que si les dábamos la disciplina necesaria, el buen alimento, el consejo y la contención, algún día seríamos campeones de algo más que de tenis … ese tenis esquivo y clasista de los 80’s y 90’s que le quitó glorias lejanas al hermoso deporte Rey.

El viejo loco, ese loco apasionado vivió siempre al borde de la cancha; de su propia cancha. Vociferó a los cuatro vientos la corrupción en el fútbol chileno de la década pasada; encaró a pantalla abierta a sempiternos personajes del deporte chileno. ¿Quién no cambió de canal al término de un partido de eliminatorias para ver el análisis y comentario del Gurú?, mal que mal era sacarse la carrasposa voz de un chaquetero y noventero Carcuro o el relato sonriente de un Milton Millas amigo del poder y el orden que no daba pie con bola cuando intentaba siquiera hablar de fútbol. Como sedientos de acidez y lengua larga corríamos a cambiar de canal; a un programa que se sostenía con una escenografía de circo barato, con la famosa pizarra y unas fichas de colores desgastados que las hacían de jugadores y recibían los comentarios de un Bonva enardecido.

De la entrevista al dictador existen mitos y leyendas dignas del folclore chileno. Francotirador de los medios; ácido, inteligente y soberbio. Ganó el partido más crudo de todos, el del Cáncer. Sufrió por una década el peloteo de los medios de comunicación que no querían casarse con sus palabras y menos con su figura de mesías del fútbol. De estampa natural, educado y caballero; hoy por hoy se extraña el rigor que nos enseñó El Gurú de apellido francés, que no supo hacerse un lugar en los medios de un país que le amo, le temió pero que nunca lo olvidó.

Así se fue, solo, embutido en una enfermedad maldita, el que durante su vida enseñó con el ejemplo, a ser monje, faquir o guerrero.

Hasta siempre Loco.

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